
La ciudad de azahar
César Vidal
Martín
Rico, Madrid, 2010
Según
el Corán, una mujer morena es bella y una rubia es fea y si tiene los ojos
claros, más.
Tal
era el aspecto físico de Qamar. Hija de una esclava nórdica en la corte del
Califa de Bagdag. También el Corán señala que la mano izquierda debe ser usada
en las cosas menos nobles. Así que, como consecuencia, un zurdo cae bajo esa
visión de “innoble”. También Qamar era zurda.
Pero
como Dios reparte sus bienes cómo quiere, Qamar era una mujer con cualidades
extraordinarias para la interpretación del laúd de cuatro cuerdas. Y, mejor aún, el laúd de cinco cuerdas usado
en El Andalus del siglo X. Qamar, bajo
la orientación de su maestro, Musa, emprende el viaje desde Bagdag al sur de
España acompañada de un criado de Musa. Al llegar a España son capturados y
vendidos como esclavos al rey de los cristianos, Alfonso III. Así es como el
lector conoce la corte asturleonesa, sus costumbres y su austeridad en
comparación con las cortes árabes. El rey cristiano busca agradar al emir de
Sevilla y le envía como regalo a la extraordinaria interprete de laúd, Qamar, y
con ella el lector conoce la vida de la ciudad de Sevilla.
El
emir de Córdoba es el más fuerte de todos los reinos musulmanes en la península
Ibérica. También él se da cuenta de la estrategia del rey asturleonés. Así que
para evitar pactos entre Sevilla y León, devuelve a un hijo del emir de Sevilla
que mantenía prisionero como rehén en Córdoba. Y el emir de Sevilla le envía,
en agradecimiento, 3 esclavos: Qamar, una cocinera extraordinaria y un
encantador de serpientes. Llega, pues, Qamar a la corte de Córdoba, cumbre de
sofisticación y elegancia del siglo X en la península Ibérica.
La
segunda mitad de la novela se enmarca bajo el poder de Abderramán III quien
accedió el trono en 912, a los 22 años, por voluntad de su abuelo Abdallah.
Abdallah colocó en el trono a nieto
Abderramán arrepentido de haber ordenado la muerte del padre de Abderramán e
hijo suyo, ante una falsa acusación de buscar destronarle.
Como
cuenta César Vidal en su novela, Abderramán se sintió amenazado por el poder de
los jefes de las tribus del norte de África y temiendo que alguno de ellos se
nombrase a sí mismo Califa, se adelantó él dándose tal nombramiento y evitó así
el tener que pagar tributo a algún jefe norteafricano.
César
Vidal no hace referencia a la lucha fratricida entre los Omeyas –chiítas-
y la dinastía Abasí -suníes-. Los abasíes
sucedieron a los omeyas (750-1258) y trasladaron el Califato de Damasco a
Bagdag. Esa lucha fratricida continúa hoy día y somos testigos de asesinatos y
destrucción entre ambos grupos de musulmanes.
Como
Califa, necesitó grandes cantidades de dinero para la construcción de una
ciudad adecuada a su categoría. Por eso exprimió a los nasraníes -cristianos- y
yahudíes -judíos que se mantuvieron fieles en sus creencias; vendió como
esclavos a numerosos nasraníes capturados en las frecuentes racias con las que
asolaba los reinos cristianos y durante las cuales robaba todo cuanto
encontraba a su paso. Con todo, también fustigó a sus propios cortesanos hasta
extremos denigrantes, como recuerda César Vidal en su novela.
La
ciudad que levantó y que podemos contemplar en una reconstrucción, a través de
internet, fue Medina Azhara
http://www.webislam.com/?idv=1050
En
la novela se trasluce la concepción de la mujer en el Corán: la poligamia, la
homosexualidad, el placer llevado al extremo. Y también la crueldad en el trato
con la esposa quien está por debajo de la categoría del esposo y a quien éste
puede castigar legítimamente con sólo sospechar que su comportamiento no es el
adecuado.
No
sólo hablamos de tiranía en las relaciones de marido-mujer. También existe una
tiranía dentro del harén y por lo tanto, una especie de lucha intestina entre
las concubinas por alcanzar la posición de favorita y desplazar a la que ocupa
ese lugar.
La
crueldad en el trato con la mujer y, en general, en el trato con los que están
por debajo, es lo que lleva a pensar a Qamar, que quizás los cristianos posean
una fe más acorde con el corazón del hombre. Y es cuando descubre Qamar, que el
Dios de los cristianos es Amor, cuando comprende que merece la pena abrazar la
religión cristiana.
Por
otra parte, la libertad personal como
premisa para el ejercicio de la fe, es otra característica del cristianismo: los
musulmanes consideran al renegado como alguien indigno de la vida y se sienten
obligados a darle muerte.
El
sufrimiento que genera la tiranía del fuerte, que supedita la vida de los otros
a la satisfacción de su goce personal, es lo que condujo al martirio del niño Pelayo,
un hecho históricamente documentado.
¿Realmente
existió una convivencia pacífica entre judíos, moros y cristianos? ¿Es posible
esa convivencia hoy día? Una novela que nos enfrenta a la realidad actual, no
tan distante de la realidad del siglo X, como pudiera parecer.
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