Saturday, May 12, 2007

¿Qué estamos haciendo con nuestros jóvenes?



¿Por qué practican los médicos al aborto a nacimiento parcial si es tan cruento?
Este tipo de aborto se practicaba en los EEUU hasta hace un par de meses cuando la Corte Suprema de Justicia vetó su práctica por considerarlo tan cruel e inhumano como el infanticidio.
Se aplica en el último trimestre del embarazo y consiste en hacer nacer al niño de pie y, antes de que salga la cabeza, se perfora el cráneo y se destruye el cerebro del niño.
Resulta muy fuerte el contraste de esta práctica quirúrgica sobre un niño que podría muy bien vivir fuera del seno materno a esas alturas del embarazo; sobre todo si se contempla al lado de las numerosas campañas de sensibilización de la sociedad en contra del uso de cosméticos o medicinas en cuya elaboración se utilicen animales como campo de ensayo clínico, el uso de pieles provenientes de animales, etc.

Trato de buscar algún sentido a este tipo de infanticidio, que así lo ha considerado la Corte Suprema de Justicia de los EEUU.

Quizás la única razón sea que el aborto, como práctica quirúrgica, pueda dejar secuelas en la matriz de la madre. No deja de ser peligroso introducir una especie de bisturí dentro del vientre para seccionar al niño y extraerlo en trozos; después hay que practicar un legrado o raspado de la placenta. Mientras que si se provoca el parto, no es necesario introducir el bisturí y cortar dentro y la placenta sería expulsada de forma natural. O sea, que con este aborto a nacimiento parcial se trata de evitar los daños en la madre inherentes a otro tipo de abortos. Luego existen riesgos en la práctica del aborto.

¿Sabrán nuestras hijas adolescentes que tan alegremente son informadas sobre el uso del preservativo, de los anticonceptivos, de los peligros y riegos que corren –físicos y psicológicos- con una conducta carente de autocontrol en sus relaciones con los chicos? ¿Realmente queremos a nuestras hijas sobre la mesa de un quirófano para eliminar a su bebé? ¿No sería mejor reconsiderar la forma en que educamos a nuestros hijos y enseñarles a controlar sus gustos: comida, bebida, tiempo libre, dinero para el ocio y finalmente, sus relaciones de amistad con chicas y chicos?

Pudiera ser que los padres creyésemos que un embarazo es lo peor que le podría ocurrir a nuestra hija. Nos engañamos. Sería lo menos grave. Baste saber que, por ejemplo, la mitad de los adolescentes de Milán consumen drogas. De la prensa he recogido la noticia de que el Ayuntamiento ha decidido regalar a cada familia, para cada hijo adolescente, algo parecido al test del embarazo. Con ese test los padres podrían saber si su hijo ha consumido cocaína, marihuana, anfetaminas u otros alucinógenos. ¿Qué estamos haciendo con nuestros jóvenes?

El sobrino de Atilano Nicolás

Thursday, May 10, 2007

El aborto en la campaña por la presidencia de los EEUU

Ahora, que los políticos ya no necesitan prometer puentes, trenes de alta velocidad, aeropuertos y escuelas porque el país parece que ya tiene de casi todo, parece llegado el momento de matizar lo que significa el bienestar social. Los americanos han cambiando su punto de vista con respecto al aborto.

Las encuestas, realizadas por el New York Times/CBS[1] el pasado mes de marzo, arrojan un apoyo republicano del 40% a la prohibición del aborto. Este dato alcanza el 23% si se considera el conjunto de los americanos en general. Además el 53 % de los Republicanos dijeron que desean una nominación republicana a la presidencia de alguien que hiciese más difícil el aborto.

Y como para los políticos, de lo que se trata es de agradar a sus votantes, los criterios con los que se refieren al aborto parece que también han evolucionado hacia posturas menos favorables, incluso su prohibición.

A modo de ejemplo observemos las declaraciones del popular Mr Rudoph W. Guiliani. De una vigorosa defensa del derecho al aborto mientras fue alcalde de New York City, ahora, parece sugerir límites en esa defensa. Veamos sus manifestaciones.

1989: “Debe haber fondos públicos para el aborto en el caso de mujeres pobres”

1993: Durante la campaña a la alcaldía “Tengo la obligación de proteger el derecho constitucional de las mujeres a la elección del aborto”

2000 Durante su campaña al Senado, contra Hillary Clinton, afirmó que apoyaba el veto del Presidente Clinton a la ley que prohibía el aborto a nacimiento parcial (se aplica a los niños próximos a nacer; consiste en hacerlos nacer de pies y antes de que salga la cabeza se les causa un trauma craneal para que mueran) -por tanto, aprobaba la aplicación del aborto parcial-: “Yo votaría continuar con la opción de las mujeres”

Sin embargo, en sus últimas manifestaciones del mes de abril de 2007, preguntado sobre la ley, decisión de la Corte Suprema de mantener la prohibición de los abortos de los niños de más de 6 meses de gestación, como candidato a la presidencia Mr. Giuliani dijo:

“La Corte Suprema llegó a la correcta conclusión al mantener la prohibición del Congreso a los abortos a nacimiento parcial. Yo pienso así”. Interrogado sobre el uso del dinero público para el aborto el dijo: “No estoy de acuerdo”.

Esta claro que la presión de la opinión pública puede hacer cambiar de criterios hasta a un político tan popular, con grandes deseos de alcanzar la Casa Blanca.
El sobrino de Atilano Nicolás
[1] http://www.nytimes.com/2007/05/10/us/politics/10giuliani.html?pagewanted=2&_r=1&th&emc=th

Wednesday, May 09, 2007

Puede ser legal, pero no lícito



En el New York Times de hoy[1] viene un artículo sobre el enriquecimiento de algunos médicos en los EEUU a costa de recetar medicamentos de dudosa eficacia, contra la anemia; y más, hasta perjudiciales. No les importa, a esos médicos, causar problemas en la vida de sus pacientes; incluso procurarles la muerte. Lo cierto es que sus cuentas bancarias engordan con las comisiones de los laboratorios farmacéuticos que elaboran esos medicamentos.
Lo traigo aquí como aplicación práctica de lo que significa que algo legal (no es ilegal que los médicos cobren comisiones de los laboratorios farmacéuticos en los EEUU) puede atentar directamente contra el ser humano como persona. Algo permitido por las leyes de un país puede ir contra el primero de los derechos del ser humano: el derecho a la vida.
Esos malos profesionales de la medicina, para quienes lo primero que figura en su lista de valores es el número de su cuenta corriente, hacen un flaco servicio a la sociedad. Una sociedad que no pueda confiar en sus médicos ¿en quién podría confiar? Los mismos profesionales de la medicina que hacen de su trabajo un servicio a los demás deberían denunciar tales hechos. Consentir a un compañero el enriquecimiento a costa de la vida de un ser humano es atentar contra la sociedad misma. No se puede volver la cara a otro lado y no mirar.
Quizás visto a 11.000 kilómetros de distancia consigamos ver la diferencia entre legal y lícito moralmente.
El sobrino de Atilano Nicolás

[1] http://www.nytimes.com/2007/05/09/business/09anemia.html?_r=1&th&emc=th&oref=slogin

Tuesday, May 08, 2007

Calendario para padres

Calendario para padres:

Octubre de 2006, Reunión de Padres convocada por los tutores. Tras los saludos y presentaciones las recomendaciones habituales:
- Tomarnos en serio el horario de estudio diario y hacerlo cumplir.
- Respetar igualmente los horarios de comidas y de sueño.
- Facilitar a nuestro hijo un lugar fijo, iluminado y bien ventilado para que realice su tarea escolar.
- Cuidar su alimentación (equilibrada) y que tenga alguna actividad deportiva semanal. Cuidar los desayunos.
- Poner a su alcance, en la medida de lo posible, toda clase de material de consulta y/o Internet.

Sinceramente creo que gran parte de los padres asistentes cumplen su parte y contribuyen al proceso educativo de sus hijos procurándoles una atmósfera de trabajo, orden y puntualidad en casa.
Y ahora la pregunta definitiva ¿podríamos, los padres, hacer algo más ante tanto abandono, ante tanto fracaso escolar? ¿Deberíamos cerciorarnos sobre el ambiente del centro escolar que frecuentan nuestros hijos para comprobar si existen igualmente las condiciones favorecedoras del trabajo intelectual que se nos aconsejan en las reuniones de padres? Condiciones que parecen obvias pero que a veces no se dan o se ven entorpecidas por informaciones -¿deformadoras?- que intranquilizan a nuestros hijos presentándoles, como propias de su edad, conductas que naturalmente exigen su implicación emocional y las energías que nosotros quisiéramos que dedicasen al estudio.
No se trata de considerar a nuestros hijos inmaduros “sine die”. Todo lo contrario. Se trata de que también en el centro educativo se tenga en cuenta el esfuerzo que la familia hace por transmitir a los hijos la necesidad del autodominio en los aspectos más personales –comer, beber, relajación y tiempo de ocio, dependencia afectiva y apetencia sexual-.
Queremos hijos maduros que sean capaces de controlarse de forma autónoma y a eso se aprende poco a poco, a lo largo de la infancia y de la adolescencia. Lo otro, las adicciones a la comida en exceso, a la bebida, a las drogas, las dependencia afectivas o las incontinencias sexuales no nos parecen distintivos de buena educación, aunque se permitan en centros con “excelencia” en los contenidos curriculares.
La experiencia nos dice que son esos desórdenes los que alejan a los alumnos de los estudios poco a poco, cuando no les encaminan hacia problemas propios de la vida de adultos.

Mayo de 2007: ¿habremos elegido bien el centro educativo de nuestro hijo?

El sobrino de Atilano Nicolás

Monday, May 07, 2007

Multiculturalismo: mucho donde elegir

Multiculturalismo: convivencia de culturas diferentes en un mismo espacio geográfico.
Esa convivencia puede entenderse como coexistencia, sin interferencia (ni problemas, ni influencias recíprocas). Una especie de apartheid ideológico pactado entre las distintas comunidades culturales. No deja de ser una entelequia, pero concedamos que pueda existir.
Un caso más o menos cercano sería el enquistamiento de la minoría gitana en nuestra sociedad. Me gustaría poder decir que mis alumnos gitanos progresan “tan adecuadamente” como sus compañeros; pero tengo que convenir en que el absentismo entre este grupo es mayor que en el resto, incluidos los numerosos extranjeros provenientes de los cuatro continentes. También los alemanes y franceses parecen tener problemas con la integración de sus respectivas comunidades de turcos y norteafricanos, quienes se sitúan en un voluntario apartheid social.
La otra opción, con la que a diario nos tropezamos, es la interrelación, el intercambio de ideas y de modos de ver la vida: de sabores y alimentos -de modos de cocinarlos-, de lenguas (spanglish...), de modas en el vestir y en el maquillaje, de celebraciones y modos de divertirse (Hemingway en los sanfermines, japoneses que tocan o bailan flamenco…), descubrimientos científicos (la dinamita china, los transplantes de corazón del Dr. Barnard en Sudáfrica…), hitos culturales, creencias religiosas y supersticiones…
Esta interrelación o intercambio puede ser querido o impuesto. Si dos culturas que conviven en un mismo territorio deciden intercambiar sus experiencias porque les resulta conveniente o pueden beneficiarse ambas del trueque, no tiene por qué verse alterada la paz o la convivencia armoniosa.
Sólo si existe imposición, y por tanto injusticia, crecerá la semilla de la discordia y del odio.
El paso previo al trueque es el conocimiento y la valoración mutua. Conocerse quiere decir eso mismo: saber que piensa el otro, la otra comunidad y por qué: sus razones últimas que le mueven a hacer las elecciones. Conocer y evaluar la conveniencia de las tradiciones para el propio individuo y para la comunidad. Si lo tuyo es mejor y me reporta un mayor beneficio personal y social, sin duda, cambiaré mi estilo de vida. No porque tú me lo impongas: será porque lo considero mejor o más acertado.
La misión de los que dirigen o rigen la vida y los destinos de los pueblos debería procurar ese conocimiento mutuo y limitarse a arbitrar un conjuntó básico de normas respetuosas con la libertad de elección personal en el campo de las ideas y en el campo de las tradiciones. Así cuando un ciudadano comprendiese que tal o cual partido se ajusta más a su ideario, sería libre de asociarse o de votarlo; e igualmente en lo que respecta a una concepción filosófica o en cuanto a las creencias religiosas.
En teoría, esta posibilidad de adhesión conllevaría una mejora de los partidos, de los grupos culturales o escuelas filosóficas, de los equipos científicos o de las comunidades creyentes. Querrían presentarse como los mejores y los que mayores beneficios reportan al individuo y a la comunidad. La libre competencia.
Limitar a un individuo a un apartheid, sea del tipo que sea, mediante una imposición sobre su pertenencia o mediante una restricción para su abandono, supondría conculcar la libertad personal de elección, y por lo tanto, la imposición o la restricción no tendrían cabida en una sociedad democrática y libre como la que pretendemos construir.
Así pues, el que rige los destinos de la comunidad, el legislador, haría bien en procurar normas que favoreciesen la libertad de elección del individuo. Y por supuesto, que favoreciesen el intercambio de los bagajes culturales.
No hay duda de que la educación, en todos sus estamentos, es el lugar adecuado para ese conocimiento. Los alumnos de cualquier cultura se sientan al lado de los otros en una situación de igualdad, por lo menos a priori. Todos son iguales y a todos se les ofrece el don de la sabiduría por igual. Sería el momento idóneo para hablar, para intercambiar sus ideas más profundas. Y por qué no; para tratar de convencer a los otros de la importancia de lo propio. Convencer no es imponer. Convencer es utilizar el don de la inteligencia para reflexionar personalmente y transmitir lo mejor de nuestro pensamiento a los demás. Puede ser un acto de servicio siempre que el que nos escucha tenga la libertad de aceptar lo que le decimos, de rechazarlo, o bien, la habilidad de rebatirlo. No hay que tener miedo al diálogo porque de la discusión sale la luz. Al final, todos somos capaces que de elegir lo que juzgamos mejor o más conveniente.
Hay quienes piensan que multiculturalismo es sinónimos de la suma total de todas las culturas en una cultura universal. Desgraciadamente el ser humano es muy limitado. Puede hablar varias lenguas, pero no todas. Puede tener unos conocimientos muy profundos en una materia, pero no dominar todas… En fin. En cuanto a las culturas sucede algo parecido. Bien está compartir experiencias culinarias, manifestaciones folclóricas o producciones literarias. Pero en cuanto a modos de ver la vida no podemos ejercer de “todo”. La libertad de elección conlleva la otra cara: el que elige descarta las otras posibilidades. El mundo nuestro que padece la histeria relativista quizás se olvida de este aspecto. Se elige porque se juzga lo más adecuado o mejor: lo más conveniente. Y no pasa nada. Tenemos todo el derecho a equivocarnos: aunque ya procuraremos no hacerlo, por la cuenta que nos tiene.
El sobrino de Atilano Nicolás

Thursday, May 03, 2007

No hay cielo sobre Berlín, de Helga Schneider


No hay cielo sobre Berlín
Helga Schneider
Salamandra, Barcelona, 2005

Relato autobiográfico que comienza presentado a la propia autora en la Viena de 1971. La protagonista relata la impresión que le causa el reencuentro con su madre, una mujer alemana cuya exaltación le llevó a abandonar a sus hijos, en su primera infancia, para enrolarse en el movimiento nazi.
La visita es la excusa para que la autora y protagonista, Helga, narre su infancia en el Berlín que soportó el asedio de los rusos y aliados, hasta su liberación de la dominación nazi y del Füher Hitler.
La primera pregunta que el lector se puede plantear es si conviene una reflexión tan pormenorizada del horror de la guerra desde el punto de vista de los niños. Una visión esperpéntica de todas las calamidades que los conflictos bélicos infligen a los más débiles: ancianos, niños y mujeres. Hambre, enfermedad y sufrimiento psicológico. El abandono de los hombres, la desolación y la desesperanza que a muchos adultos condujo al suicidio. El estupro de las mujeres y la oscuridad maloliente de los refugios antiaéreos.
Tanto horror para los propios alemanes que aún deseaban colaborar con el régimen que lo causaba. ¿Cómo puede ser posible que la población de Berlín, y de toda Alemania, siguiese ciegamente las consignas del Füher? ¿Dónde quedó su espíritu crítico y capacidad de análisis? ¿Cómo es posible que no reaccionasen a la progresiva sustitución de unas leyes que conculcaron, poco a poco, derechos tan elementales de las personas, como el derecho a la vida?
En el museo de la Segunda Guerra Mundial (Bastogne Historical Centre)[1], en Luxemburgo, el pasado mes de abril, me encontré con murales en los que se recogían las leyes que el Füher fue dictando en los momentos previos al conflicto. En uno de esos carteles se me exhibía el siguiente artículo:
“Se considerará como no útil a la nación, y por tanto susceptible de ser eliminado, a todos aquellos que padezcan enfermedad o cualquier tipo de incapacidad o deficiencia.”
Toda una eugenesia generalizada: mucho más que la eutanasia vigente en algunos países de la actual Unión Europea: muerte a aquellos que no son útiles –enfermos, deficientes y ancianos-.
Y, claro, cualquiera puede ser hallado “deficiente”. En mi caso aunque no sea más que por centímetros de estatura. No doy “la talla” de la superraza. Tampoco tengo los ojos azules. ¿Será una deficiencia?
Helga, la niña protagonista, tampoco tenía los ojos azules y su pelo era oscuro. Su madrastra la postergaba a su hermano pequeño que, en cambio, era rubio y de ojos celestes. Fue arrinconada y despreciada y su aspecto físico la protegió de los abusos de la soldadesca. Tuvo suerte de algún modo. También la tuvo al poder disfrutar de la presencia de su abuelo “padrastro”. Un hombre que supo valorar su delicadeza y, en algún modo, su madurez.
Helga fue separada de todo lo que podría haberla consolado del abandono materno y de la ausencia de su padre enrolado en el ejército: su abuela paterna y la directora de un colegio para niñas difíciles. Los últimos meses del conflicto los vivió en un Berlín en el que no había cielo y si lo había permanecía oculto por el hollín de los edificios incendiados por las bombas, por la oscuridad de las noches sin electricidad y por temor a las escuadrillas negras que vomitan sus entrañas asesinas en vuelos rasantes y sin pausa.
Una novela que nos ayuda a no olvidar lo que conlleva no respetar la dignidad del hombre y su derecho a la vida.

El sobrino de Atilano Nicolás
[1] www.bastogne.be/20ansen45