Sunday, April 29, 2007

El Alquimista, de Paulo Coelho

Paulo Coelho
El Alquimista
Traducción de Montserrat Mira
Planeta, Barcelona, 2005

Novela simbólica, de 193 páginas con una notable influencia de Saint Exupery, y estilo narrativo de gran belleza. Reflexiona, con su simbolismo, sobre el esfuerzo del ser humano por alcanzar los propios ideales y la nobleza de corazón en esa lucha, sin dejarse llevar por la traición, la falsedad o la apropiación indebida de los bienes ajenos; un modo de conducta honrado en esa pelea por conseguir los propios objetivos. También propone a la consideración del lector una reflexión sobre la autenticidad de los ideales. Porque la fantasía y la propia soberbia pueden llevar al hombre a considerar que su misión está situada lejos de su realidad cotidiana y por lo tanto alejarse de lo que realmente le puede proporcionar su felicidad. Esa confusión entre la misión real para la que se está hecho y la visión fantaseada del deseo de perfección puede limitarnos o retrasarnos en la realización personal.
Argumento:
Un joven pastor de ovejas andaluz descubre una sacristía en ruinas, en la que crece un árbol. Allí decide vender todo lo que tiene –su rebaño- e irse a Egipto a ver las pirámides dónde cree que encontrará un tesoro.

Tras esta llamada a su propia vocación consulta con una mujer del lugar que tiene fama de ser vidente. La mujer le asegura que tendrá la fortuna de conseguir su tesoro. No le cobra nada en el momento pero le pide un tanto por ciento del mismo el día que lo encuentre. También se encuentra con un rey que le anima y le orienta sobre la forma de encarar los problemas que sin duda encontrará. El rey sí le cobra el precio de dos ovejas y le da dos piedras –una blanca y otra negra- a modo de amuleto. También le tranquiliza anunciándole que todo cooperará a que él consiga realizar su proyecto.

Así pues, vende sus ovejas y viaja a Marruecos. Nada más llegar le roban su dinero y tiene que trabajar para comer. Se emplea en la tienda de un artesano del vidrio y no sólo consigue dinero para él sino que además, enriquece al artesano. Cuando tiene suficiente dinero para comprar otra vez un rebaño piensa en volver a España pero se encuentra a un inglés que también va en busca del alquimista que pueda transmitirle su secreta habilidad de transformar el plomo en oro. El alquimista va en una caravana que cruzará el desierto y el joven se une a la caravana. De camino a Egipto recalan en un oasis. Los oasis eran respetados por los bandidos y los guerreros porque en ellos vivían mujeres y niños. No obstante un grupo de soldados apátridas estaba dispuesto a traicionar la costumbre de respetar los oasis pero una visión del joven permitió al jefe del oasis poner a salvo a sus habitantes.

El joven encuentra al alquimista quien le asegura que debe cavar en el lugar exacto en el que caigan sus lágrimas cuando llore. La emoción ante la visión de las pirámides que el joven experimentó le hizo llorar. Y allí comenzó a cavar. Unos ladrones que le seguían se pusieron a cavar pensando que allí ocultaba un tesoro. Pero no fue así. Entonces uno de los ladrones aseguró que en sueños había visto que atacaban a un joven como él para robarle un tesoro que ellos habían soñado oculto en una sacristía semiderruida de un pueblo desconocido de Andalucía, junto a un sicomoro que en ella crecía. Muchas penalidades sufrió nuestro joven quien al fin llegó a la sacristía de nuevo y descubrió, ahora sí, su tesoro.
El sobrino de Atilano Nicolás

Monday, April 23, 2007

El viaje de la reina de Ángeles Irisarri


El viaje de la reina
Ángeles Irisarri
Salamandra
Barcelona, 2003
La historia de la reina Toda Aznar (876-958) podría juzgarse como perteneciente al mundo fantástico de los caballeros del Rey Arturo, de las aventuras medievales contra dragones o de las insólitas batallas sostenidas por los cruzados. Pero el hecho real es que su vida, aún siendo insólita, es historia.
En su infancia conoció a un padre, el rey Fortún el Tuerto, que no puso objeciones al hecho de entregar a su hija Íñiga, viuda de Aznar Sánchez, a Abd Allá, abuelo de Abd-al-Rahman III. Íñiga tuvo que vivir el resto de su vida en la corte del emir bajo las leyes ismaelitas. Toda, de este modo, se convertiría en tía del califa cordobés Abd-al-Rahman III.
Muerto el padre de Toda, Aznar Sánchez, la joven se casa con Sancho García, de la casa vasca Jimeno. Con esta unión de la casa Arista y Jimeno, Sancho y Toda arrebatan el trono a su abuelo y crean el reino de Navarra. Sancho García y Toda tendrán una familia muy numerosa que casarán con los herederos de las principales casas y reinos cristianos de la península:
Oneca se casa con Alfonso IV de León, el monje. De ellos nació Ordoño III el Jorobado quien usurpará el trono a su primo Sancho, el Craso, con la ayuda del conde Fernán González. Oncea murió pronto y Alfonso se retira a un monasterio y deja el reino en manos de su hermano Ramiro II.
Urraca se casa con Ramiro II de León. De ellos nace Sancho el Craso y Elvira. Elvira se convierte en Abadesa del Monasterio de San Salvador de León. A la muerte de su hermano Sancho –envenenado muy joven-. Ocupará el trono como reina regente hasta que su sobrino Ramiro III alcance mayoría de edad.
García Sánchez quien reinará en Navarra. García se casa con Andregoto y une así el condado de Aragón a su corona y se convierte en el primer rey de Aragón. Tienen un hijo, Sancho, que será rey. García repudió a Andregoto poco después del nacimiento de su hijo bajo la excusa de ser primos y se casó con Teresa de León.
Velasquita casada con el conde Fernán González y otras hijas y nietas emparentadas con las casas catalanas.
La larga vida de Toda (vivió 82 años) le permitió establecer pactos y alianzas de paz para romperlas luego. Junto con Ramiro II de León -su yerno-, el conde castellano Fernán González y su hijo García venció a Abd-al-Rahman, (su sobrino) en Simancas.
Cuando Ordoño el Jorobado, en alianza con el conde Fernán González y otros nobles, destrona a su nieto Sancho el Craso –por grueso-, Toda pide auxilio a su sobrino el califa quien invita a Toda, a su hijo García y al nieto destronado Sancho a Córdoba. Allí Sancho es sometido a un régimen severo y recobra su figura y el trono de León.
Toda, en Córdoba, a pesar de sus 80 años, participa en todas las recepciones y visitas. Recibe regalos y agasajos. Y en lo más profunda de su corazón anhela regresar a la ciudad con un ejército y arrojar a los musulmanes a Mauritania.
Ángeles Irisarri novela la auténtica historia de la reina navarra Toda de Aznar y su contexto histórico de tal suerte que el lector llega a comprender el entremado de parentescos y relaciones de amor y traición que rodean estas vidas. El vocabulario heredado de la lengua árabe constituye un legado que parece perderse con el paso de los siglos. Ángeles Irisarri lo rescata y coloca al lector en la necesidad de su uso. Igualmente presenta a la consideración del lector las situaciones multiculturales que los reinos de la península tuvieron que soportar en los siglos IX y X.
Un acertado análisis socio-económico, muy simple, que define quién tiene el dinero, el poder y como se conforma la población: costumbres, derecho, trabajo, agricultura, ciencia, literatura, música, ocio y diversión así como la alimentación.
Por ceñirme a la longitud de una crítica sólo citaré dos aspectos reflejados en esta novela y que, en mi opinión, son un análisis sutil y suficiente de la sociedad en la que se desenvolvió la reina Toda.
Uno es la convivencia entre las religiones y su papel en la guerra. Toda tiene claro que los hombres pelean porque ambicionan el poder. No por extender la fe:
“… si sólo hay un dios, el nuestro, el de los sarracenos no es nada, salvo una enseña o un símbolo en que ellos creen, meramente como los paganos. Y si Dios es uno, no hay otro que sea su enemigo. Las enemistades nacen de los hombres; de los reyes por causas de la gobernación y por la ambición de extender los reinos o de redimirlos de pechos, pero no se lucha por llevar la cruz donde no esté…” pág. 231
Irisarri reconoce que la convivencia puede interferir en alguna de las concepciones o de las creencias de una confesión religiosa. Presenta el caso del obispo de Córdoba quien parece padecer la influencia de la herejía que considera que Jesucristo no era Hijo natural de Dios, sino que fue redimido por el Bautismo y adoptado por Dios Padre, como cualquier otro hombre. Y junto con este desliz importante en las creencias de la fe se mostró claramente partidario del confinamiento social que padecen las mujeres en la cultura musulmana. Por otra parte, dos de las hijas del Califa, Wallada y Zulema, parecen contagiadas del sentido de libertad e independencia que disfrutan las cristianas como Toda y Andregoto (la pelirroja castellana de Nájera, hija adoptiva de doña Mayor, prima de Toda):
En Navarra ha mandado y manda la señora toda, yo gobierno una ciudad y tú un convento, y nadie, ni hombre ni mujer, pone en entredicho nuestra autoridad…
¡Qué sandia, Andregoto!, nuestra autoridad la pone en tela de juicio cualquier hombre por el mero hecho de ser varón, ¡qué sandia!, se defendió Elvira
.” Pág. 230
Irisarri se nos presenta la sociedad tal como es: con sus defectos bien patentes pero presentados en una forma adecuada:
La maldad, Nunila, no puede ser sabida ni contemplada por las buenas gentes, ni con buenos ni con malos ojos.
La maldad y el vicio hay que ignorarlos, porque atraen…No hay que saber vidas ajenas, Nunila. Tú no eres una comadre, tú eres una dama de la reina que, como cada una de nosotras, debe reprimir la curiosidad malsana… Debes aprender de nosotras que, aunque nos gustaría saber más de Aura y de la coyunda de Mimo con Gaudiosa, sabemos acallarnos precisamente por no entrar en los dime y diretes de las comadres de Pamplona
.” p.159
Una novela amena que expone a la consideración del lector cuestiones muy actuales enmarcadas en la Edad Media. ¿Sólo coincidencia?
El sobrino de Atilano Nicolás

Monday, April 16, 2007

Una vida, ¿un voto?

Me cuenta mi hija que un amigo suyo, universitario, debido al exceso de velocidad en la conducción, atropelló y mató a una anciana indigente. Pasó una temporada mala pensando en las consecuencias de su conducta irresponsable; pero, finalmente, todo quedó en “nada” porque la anciana indigente no tenía a nadie que pudiese denunciar el caso y actuar judicialmente contra él.
El amigo de mi hija se libró de las consecuencias de un homicidio involuntario desde el punto de vista legal. Evidentemente le había quitado la vida a un ser humano.
Hay seres inocentes que mueren a diario por la intervención de otros y que tampoco cuentan con un “amigo” que lo denuncie y que obligue al poder judicial a actuar. Me refiero a los niños no nacidos.
Una buena comparación: la anciana indigente ¿era útil a la sociedad?[1]; el niño no nacido ¿cuántos años tendrían que pasar para rentabilizar su voto?
La dignidad humana a nivel de rentabilidad política. ¿Estamos dispuestos a consentirlo?

El sobrino de Atilano Nicolás
En Nüremberg, numerosos doctores asesinos Nazis, dijeron que eran inocentes porque no habían quebrantado ninguna ley. "Los juristas en Berlín dijeron que esto era un asunto legal", dijo Walter Schmidt. Los Nazis no cometían ningún crimen en Auschwitz.
[1] http://medicosdelamuerte.blogspot.com/

Sunday, April 08, 2007

Advenimientos, de J. Jiménez Lozano

Advenimientos (primavera 2005)
JJ Lozano
Ed. Pre-textos, Valencia, 2006
215 págs.


No se trata de un libro de ficción. O sí. Y lo es en tanto en cuanto se puede presentar la realidad disfrazada de metáfora. Así lo han intentado autores tan dispares como San Agustín, Ortega y Gasset, Auguste Comte, Dostoiesvski, Homero, E. G. R. Taylor, William James, Pascal, John Henry Newman, Plutarco, Oriana Fallaci, Kierkegaard, Winston Churchill, Jane Austen, la Madre Angélica Arnauld, Cervantes, Calderón, Pascal Brukner, Pierre Chaunu, Voltaire, Cronwell, Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam, Juan Ramón Jiménez, Chateubriand, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, Hegel, Holderling, Robert Frost, Virgilio, Truman Capote,Talleyrand, Dickens, Balzac, Tolstoi, Aldous Huxley, Marcel Proust, D. H. Lawrence, Platón, Juan Valera, Fray Gerundio de Campazas, Joseph Roth, Thomas Hardy, Mallarmé, Luis Cernuda, Petrarca, Sándor Márai, T. S. Eliot, Thomas Carlyle, Joseph Addison, Juvenal…
José Jiménez Lozano cita a los autores en su contexto histórico; cita algunas de sus obras y hace referencia a los personajes de dichas obras que han llegado a constituirse como hitos culturales. Cita a pintores y sus obras maestras colgadas en los principales museos; a músicos y sus correspondientes composiciones.
No es un catálogo del devenir histórico, de autores literarios o de hitos culturales. No.
Advenimientos es un elixir libado con el paso del tiempo.
Cada gota, cada pensamiento, es una reflexión de la realidad contrastada con el pensamiento de un autor: el poso de un personaje o de un autor ubicado en la literatura. “Constructos” perfectamente asimilados y entretejidos en un entramado de reflexión y crítica de la realidad.
Advenimientos no es un libro para pasar un rato. Es un libro que “despierta”, que “avisa” al lector. José Jiménez Lozano se nos presenta como un autor comprometido con la vida y la realidad. Con una realidad sometida a una crítica sincrónica y diacrónica que son las magnitudes que confieren certeza a la historia misma.
El lector que se someta a esta crítica del pensamiento quedará irremediablemente despierto; no sucumbirá a más cantos de sirenas.
El sobrino de Atilano Nicolás

Feliz Pascua de Resurrección, 2007

Me dicen que hoy, en la vigilia de Pascua se han bautizado 3 adultos. En la catedral de Santiago de Compostela. Y que cuando el Arzobispo les preguntó -hace unos días- la razón por la que querían recibir el sacramento del Bautismo de la Iglesia Católica, uno de esos adultos, contestó, rápidamente, que quería ser tan feliz como veía que lo eran los católicos.
Corren tiempos duros para los católicos. Tiempos recios en los que se impone el silencio y la oración:
- "Tu vara y tu cayado me confortan. En praderas de aguas dulces me haces reposar…"
Y así es. Para un católico, para un fiel de la Iglesia Católica, la oración es la manifestación de la confianza en su Padre Dios. Y aunque en su entorno se alce el ruido amenazador de una mayoría que decida poner su voluntad numérica por encima de la dignidad de la persona, por encima del respeto a la vida desde su inicio hasta su último aliento, por encima del respeto a la conciencia y a la libertad de credo, la paz interior y la tranquilidad de que Dios es el Padre que vela por cada una de sus criaturas nunca nos debe faltar.
Esa paz interior, esa felicidad que mana de nuestra relación con Dios, será lo que atraiga a los hombres de buena voluntad. Será el "buen olor a Cristo".
Acrecentemos nuestro tesoro: ¡Felices Pascuas!

El sobrino de Atilano Nicolás

Tuesday, April 03, 2007

Martes Santo de 2007

Procesión del Encuentro
Llegué con Nicolás hasta la Plaza de Santa Cruz. Serían las ocho de la tarde. La plaza se encontraba dividida por las típicas vallas amarillas que acotan el paso de las procesiones. Ya había bastante gente en los ángulos próximos a la entrada del palacio, sede del Gobierno de la Universidad. Pensamos que la procesión no tardaría en llegar y como mi primo Nicolás no había visto ninguna en esta ciudad, decidimos quedarnos nosotros también. Dos señoras, a nuestro lado, se quejaban de las injusticias que permiten las leyes actuales:
- “Mi hija lleva dos años a la espera de un niño. Tiene 46 años. No es justo tener que pagar un montón de dinero para conseguir traer a una chinita y que aquí se tiraran 92.000 bebés a la basura, sólo el año pasado”

Otra señora preguntó si se sabía el porcentaje de adolescentes que había entre esos 92.000 casos de abortos:
- “Es un problema de educación en la familia. Ahora, las mujeres tienen que trabajar y los hijos se convierten en niños “ping-pong” –de la casa de la abuela a la propia en el mejor de los casos-. Y luego, el fin de semana les consentimos todo para compensarles.”

Suenan las cornetas calle Librería abajo. Parece que la Virgen de las Angustias se aproxima. Del otro lado se escuchan los tambores que avanzan desde el Santuario.
Poco a poco, la Madre Santísima, representación del dolor inmenso de toda madre que pierde a su hijo –siempre único porque cada hijo lo es para la madre-, nos muestra su corazón traspasado por afilados aceros. De frente, el Hijo, “varón de dolores, humillado bajo el peso de la cruz”.

El sacerdote hace una enumeración de las maldades que el hombre comete o de las omisiones igualmente graves. Y nombra nuestros pecados que son ofensas al Padre porque lo son a nuestros hermanos los hombres: crímenes, robos, abandonos o menoscabos de las atenciones que debemos a los hombres necesitados, a los enfermos, a los ancianos…
Yo pienso en las madres -que no han llegado a serlo- de esos 92.000 niños. Cuánto dolor habrán sentido para decidir la muerte de sus propios hijos.
Las imágenes de la Madre Santísima y del Hijo con la cruz a cuestas marchan ahora paralelas durante unos metros.
Desde la posición que ocupamos, Nicolás y yo, vemos perfectamente a la Señora. El rostro del Nazareno aparece entre las dos figuras de los soldados y entonces Nicolás susurra:
- “Creo que ahora lo entiendo. Las palabras “se humilló y cargó con nuestros pecados”. Como cuando éramos mozos y Santiago Chisquero siempre cargaba voluntariamente con la culpa –la tuviera o no- y cumplía los castigos de todas las que armábamos. Lo hacía para demostrar que era nuestro amigo, más amigo que ninguno”.

A mí, lo que me conmueve es el dolor que debió de sentir el Hijo al ver el sufrimiento inmenso que causaba a su Santísima Madre.

El sobrino de Atilano Nicolás