“Las cuestiones de la Bioética: integración de la vida y la muerte en el progreso social”Salón de la Obra Social de Caja España, Plaza de España, 13
Hoy, 7 de junio de 2007, se ha celebrado una mesa redonda con 4 ponentes:
José Jiménez Lozano, escritor y humanista
Alfredo Marcos Martínez, Profesor de Filosofía de la Univ. de Valladolid
Laureano Trillo, Médico y especialista en Bioética
Fernando Rey Martínez, Profesor de Derecho Constitucional de la Univ. de Valladolid, como moderador de la mesa.
Comenzó José Jiménez Lozano con una exposición en la que cuestiones como el aborto, la eutanasia y el suicidio pergeñan un menoscabo a uno de los derechos fundamentales del hombre, el primero: el derecho a la vida. No es cuestión vana que pudiera afectar a un individuo ocasionalmente. Afectan a la sociedad entera ya que el poder civil que la ordena y gobierna y la propia sociedad, se sustentan en los derechos humanos (a la vida, a la propiedad, etc.).
José Jiménez Lozano apuntó a la filosofía darvinista del XIX como la definidora del hombre como primate superior, último eslabón de un proceso evolutivo, con el olvido de lo que la tradición cultural europea consideraba de particular o propio del hombre, el logos y la concepción cristiana del yo individual. Esta liquidación del concepto de persona, esta desestructuración que es recogida por el arte de las vanguardias del siglo XX –nada es lo que es; sino lo que el artista o demiurgo interpreta-, conlleva una concepción utilitarista y de rentabilidad social del individuo que deja de ser “una persona” y se convierte en un elemento de las “granjas humanas”. Perdido el valor individual del hombre ya solo importa el rendimiento que aporta a la sociedad. Si carece de rentabilidad está justificada su desaparición.
Los dos grandes totalitarismos que hemos sufrido a lo largo de la Historia llegaron a esta concepción del ser humano y sobre ella sustentaron los genocidios del siglo pasado. Y también sobre esta concepción del rendimiento social del hombre se llevan a cabo los infanticidios actuales, los abortos y las eutanasias o el ofrecimiento de órganos sanos al llegar a cierta edad. La muerte del débil supone una constricción del poder político-económico.
Durante el Tercer Reig se daba el “laissez faire, laissez passer” en los laboratorios en los que se experimentó procedimientos eugenésicos en pro de una raza pura. Otro tanto acaece en nuestra sociedad occidental en la que parece haber adquirido honorabilidad y un respaldo político ensoñaciones parecidas referidas a investigaciones de escasos resultados prácticos.
Presentar una justificación ante la sociedad de la que provienen los medios económicos que se invierten en tales veleidades ha exigido la elaboración de un lenguaje confuso, impreciso, que no permita al ciudadano de a pie comprender los manejos de los políticos y de los grandes gestores de la economía. Los Medios de Comunicación parecen ver diluida su responsabilidad a la hora de transmitir los datos que pudieran conformar el criterio de pensamiento de la sociedad y el hecho de carecer de responsabilidad conlleva un baile de datos en los que todo sirve. La educación se encargará, en ese sistema, de concienciar a las nuevas generaciones ilustrándolas de esa nueva manera.
José Jiménez Lozano recordó que el cristianismo siempre supuso “altivez y voluntad de no dejarse tratar como ganado”.
Alfredo Marcos Martínez, centró su intervención en la posibilidad de acuerdo social entre los dos grandes grupos sociales, los que defienden la vida de todo ser concebido y los que defienden la opción al aborto como un derecho de la madre.
Argumentos de carácter totalitario no suelen constituirse en base de discusión para nuestra sociedad. Pertenecen a la gestión de Estados Totalitarios, como China, en los que la natalidad debe estar subordinada a las necesidades del Estado.
En nuestra sociedad, pretendidamente liberal, se esgrimen argumentos como “cada uno hace lo que quiere” y el concepto libertad y vida se ven enfrentados irremediablemente.
Alfredo Marcos Martínez recordó que resulta al menos chocante una sociedad occidental en la que el argumento ecologista que valora la vida animal y vegetal y que las defiende por sistema, no se detenga a considerar que, en el caso del embrión humano también se trata de una vida y que al menos cabría considerar si existe algún otro modo de conservarla respetando la opción de la madre a desprenderse de esa nueva vida.
Hoy día, cuando los avances de la medicina permiten a los fetos de 25 semanas continuar su desarrollo fuera del vientre materno, quizás es el momento de atender al derecho de la madre a prescindir de su maternidad y, al mismo tiempo, al derecho de ese nuevo ser a continuar su vida. Antes de esas 25 semanas, desprender el feto de la madre supone la negación del auxilio necesario para la vida.
Igualmente resulta extraño examinar una legislación que estipula las condiciones para el transporte de los animales y las formas de sacrificio para consumo humano y pide que ese sacrificio sea lo menos doloroso posible y por otro lado no haga ninguna mención a la exclusión del dolor en el procedimiento de la muerte del feto mediante el aborto.
¿Qué soluciones se podrían dar a las mujeres que se encuentran en la difícil situación de elegir entre la muerte del feto o sus difíciles condiciones socio-económicas, por ejemplo?
Toda decisión libre conlleva un conocimiento exhaustivo de las consecuencias. Las mujeres necesitan de un consentimiento informado de la actuación médica durante el aborto. Y convendría poner a su disposición la tecnología actual como son las ecografías en tres dimensiones.
De entrada, una sociedad que se considera progresista no debería admitir que sus mujeres sufrieran el dilema entre elegir la vida de su hijo o la supervivencia. Debería de considerarse un parámetro de las sociedades desarrolladas el menor número de abortos que sería un indicativo de que sus mujeres con arropadas y auxiliadas en el periodo previo a la maternidad. E igualmente ocurriría con la eutanasia. No se puede enfrentar al enfermo a la disyuntiva del sufrimiento o la eutanasia. Una sociedad desarrollada debería de garantizar una inversión en cuidados paliativos.
Laureano Trillo habló desde su perspectiva médica. Cierto es que los avances científicos pueden abrir nuevos campos a la salud y a la conservación de la vida. El trabajo en el diagnóstico precoz de enfermedades parece que da prestigio, poder e influencias.
La ingeniería genética es un campo en el que los progresos, de momento, se limitan prácticamente a los diagnósticos. También es cierto que esas investigaciones focalizan grandes sumas de dinero a pesar de sus resultados escasos.
De todas formas lo que cala en la sociedad es el surgimiento de la creencia de los padres tiene derecho a tener un hijo normal y por lo tanto a la intolerancia a las deficiencias o discapacidades y esto hasta tal punto que los padres se considerar con derecho a, una vez nacido el niño, examinarlo y si no es “válido” aplicarle la eutanasia, como empieza a suceder en Holanda.
De nuevo la sociedad “pretendidamente liberal y progresista” de occidente se enfrenta a la paradoja de intentar por un lado dotarse de una normativa legal en la que los minusválidos tienen también sus derechos y por el otro a negárseles el primer derecho, el derecho a la vida.
La Asociación de Paralíticos Cerebrales francesa se ha planteado cuestiones muy interesantes al respecto. Por ejemplo el concepto de error médico. Así un niño que nace sin que el médico haya informado de alguna discapacidad a los padres estaría comprendido dentro de este “error médico”. Por lo tanto el médico sería demandado por dicho error y ese niño estaría sujeto a su posible eliminación. (¿Se le podría considerar persona?)
El bebé medicamento parece merecer la alabanza de una conducta altruista: se propone crear un nuevo ser capaz de salvar la vida de un semejante, normalmente su hermano. Laureano Trillo explicó todas las deficiencias de las técnicas de laboratorio que hacen muchas veces muy difícil llevar a la práctica el protocolo. De nuevo se nos pretende enfrentar al dilema de todo o nada: o se aprueba la investigación biogenética del bebé medicamento o se desampara a esta o aquella familia.
Pues hay alternativas mucho más reales y éticamente correctas. Como por ejemplo los bancos de cordón umbilical. Los EEUU parecen tener ya cubiertas todas las necesidades de su población con los bancos existentes.
Tras las exposiciones, Fernando Rey hizo un breve resumen de los puntos más importantes de las intervenciones y a continuación el público comenzó una ronda de preguntas.
El sobrino de Atilano Nicolás

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