Me dicen que hoy, en la vigilia de Pascua se han bautizado 3 adultos. En la catedral de Santiago de Compostela. Y que cuando el Arzobispo les preguntó -hace unos días- la razón por la que querían recibir el sacramento del Bautismo de la Iglesia Católica, uno de esos adultos, contestó, rápidamente, que quería ser tan feliz como veía que lo eran los católicos.Corren tiempos duros para los católicos. Tiempos recios en los que se impone el silencio y la oración:
- "Tu vara y tu cayado me confortan. En praderas de aguas dulces me haces reposar…"
Y así es. Para un católico, para un fiel de la Iglesia Católica, la oración es la manifestación de la confianza en su Padre Dios. Y aunque en su entorno se alce el ruido amenazador de una mayoría que decida poner su voluntad numérica por encima de la dignidad de la persona, por encima del respeto a la vida desde su inicio hasta su último aliento, por encima del respeto a la conciencia y a la libertad de credo, la paz interior y la tranquilidad de que Dios es el Padre que vela por cada una de sus criaturas nunca nos debe faltar.
Esa paz interior, esa felicidad que mana de nuestra relación con Dios, será lo que atraiga a los hombres de buena voluntad. Será el "buen olor a Cristo".
Acrecentemos nuestro tesoro: ¡Felices Pascuas!
El sobrino de Atilano Nicolás

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